El palabrero Wayuu

 

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Junio 16 de 2007

En La Guajira prevalece la figura del pütchipü’ü o palabrero wayuu
Nelson Uriana, de 60 años, prefiere arreglar conflictos de mujeres.
Por siglos, se ha encargado de resolver los conflictos mediante la oralidad y continúa pese a
que ahora los fiscales y jueces del país incursionan en el nuevo sistema penal acusatorio.
Rafael Arpushana y Nelson Uriana han dedicado la mayor parte de su vida a este oficio.
Ambos viven en rancherías cercanas a Riohacha, a donde llegan a buscarlos hasta de
Venezuela para que arreglen problemas hablando y negociando.
El matrimonio de una joven wayuu que se había ido a vivir con su novio sin el consentimiento
de sus padres fue el estreno como pütchipü’ü de Arpushana. Tenía 20 años. El papá de la
muchacha lo buscó para que acordara el pago de la dote: 70 chivos, 8 reses, dos collares de
oro y uno de tuma (piedra preciosa). Arpushana logró la negociación.
Hoy, a sus 56 años, es un experto en todo tipo de arreglos, desde la petición en matrimonio
de una mujer hasta el cobro por muerte o el robo de animales, que según él, son los más
complicados.
“Soy como un juez”, asegura. Su labor es actuar como mediador, dando muestras de un
despliegue retórico con el que busca lograr la conciliación, mediante el pago de una
indemnización, entre las partes en disputa. Del pago (animales, joyas o dinero), depende
que no se desencadene una guerra que puede extenderse y acabar con familias.
Hace cuatro años, Rafael evitó el enfrentamiento entre dos clanes. Un Ipuana mató a tiros a
un miembro de los Uriana en una ranchería de Riohacha. Los familiares del que disparó 

devolvieron el arma con la que se cometió el delito -como siempre se hace y entregaron 30
millones de pesos, seis collares de tuma y cuatro de oro.
En los arreglos wayuu, el grupo afectado se encarga de establecer el monto de la
compensación, de acuerdo con el perjuicio y la posición social de la víctima, y el palabrero
de negociar con la contraparte y definir detalles del pago.
“Cuando la familia es pobre, el pago puede demorar varios meses o años, el tiempo que
tarden en reunirlo”, explica Rafael, quien jamás suelta un caso sin resolverlo.
Experto en arreglos de mujeres
Nelson Uriana es un palabrero tradicional. Tiene 60 años. Heredó el oficio de su padre.
Desde muy pequeño, lo acompañaba a llevar la palabra para escuchar cómo hacía los
arreglos. Con el tiempo se convirtió en su consejero.
Acude a las conciliaciones ataviado con sombrero y guayuco y empuñando el waraarat
(bastón), que usa para espantar a los perros y protegerse de cualquier cosa que encuentre en
el camino. También para dibujar en el suelo.
Aunque empezó atendiendo robo de chivos, su especialidad es el arreglo de líos de mujeres.
Hace poco tuvo que resolver un caso poco común. El papá de un wayuu que murió en una
disputa familiar solicitó sus servicios para unirse a la viuda de su hijo.
“Fue complicado”, admite Nelson a través de un intérprete porque solo habla wayuunaiki. En
la cultura wayuu lo normal es que los sobrinos hereden la mujer del tío materno cuando este
muere, por el contrario si es el padre u otro familiar es visto como una ofensa.

Pese a la intervención de instituciones estatales en disputas familiares wayuu, palabreros
como Nelson y Rafael se mantienen vigentes. Ellos representan todo el sistema de
compensaciones de esta cultura, donde las lágrimas y la sangre tienen precio.
No cualquiera puede ser palabrero. “Se requiere de tacto, habilidad oratoria y prestigio
social de la familia de la que provenga”, dice Nelson. El palabrero debe tener también
vocación y conocimiento de la cultura y costumbres wayuu”, agrega Rafael.
Los de Venezuela, más urbanos
La importancia de estos ‘jueces’ en la recomposición de las relaciones sociales y en el arraigo
de la identidad de esta etnia indígena llevó al Ministerio de Cultura a declararlos, en el 2004,
Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional.

Para garantizar su salvaguarda, el Observatorio del Caribe Colombiano adelanta un trabajo
para identificar y documentar las manifestaciones culturales asociadas a la institución del
palabrero.
El antropólogo Weildler Guerra, quien lidera este proceso, asegura que la idea es que las
comunidades apropien y transmitan su patrimonio, a la vez que diseñen proyectos orientados
a fortalecer las dinámicas culturales locales. Ya han realizado talleres con pütchipü’ü de la
Alta y Media Guajira y se reunirán con los de Venezuela.
En este país los palabreros están urbanizados, tienen carné y hasta cargan armas. “Cuando
estuvimos en Nazareth (Alta Guajira), nos hablaron de un palabrero al que todos llaman
‘cortocircuito’ porque le cobra a ambas familias en conflicto”, dice Guerra.
Rafael reconoce que la influencia de los ‘alijunas’ (no wayuu) es una amenaza para el oficio.
Por eso les enseña el arte de palabrear a sus hijos y nietos para que la tradición no se
pierda.
‘Es un ejemplo para el sistema penal’
El magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Riohacha, Hebert Mendoza Acosta,
asegura que la legislación aplicada por los jueces ‘alijunas’ (no indígenas) cada vez se
aproxima más a la forma de impartir justicia de los palabreros wayuu. Tanto así que el
sistema penal acusatorio, que entrará a regir a partir de enero en la Costa Caribe, se
caracteriza por la oralidad y la inmediatez de los jueces para solucionar los conflictos.
Según Mendoza, los indígenas wayuu acuden a una figura propia del derecho civil llamada
compensación, lo que en la práctica se traduce en que la sanción penal por un delito sea
negociada entre ofensor y ofendido, con el pago de una indemnización. Aunque en la
legislación ordinaria sólo son negociables los delitos menores (injurias, calumnias), con el
arreglo directo entre las partes en disputa se evita la venganza.
“La conciliación logra la convivencia que le hace tanto bien al Estado y a la sociedad, así
que -como lo plantean algunas corrientes modernas- el sistema penal sería innecesario o, al
menos, bastaría con que tutelara los derechos fundamentales”, dijo. Image
PAOLA BENJUMEA BRITO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
RIOHACHA

Que tejen los Wayuu?

Que tejen los Wayuu?

XXVI FESTIVAL DE LA CULTURA WAYUU 2012

Yonna, baile típico Wayuu

La versión Vigésimo Sexta del Festival Wayuu en el 2012, que se llevara a cabo los dias 15, 16 y 17 de junio en Uribia, La Guajira, tendrá como tema central LA COCINA WAYUU: Memoria, Rituales y Símbolos, de acuerdo a ello, estudiosos de la alimentación afirman que ésta tiene un marcaje identitario en la medida en que los seres humanos marcan su pertenencia a una cultura o a un grupo social afirmando su peculiaridad alimentaria en contraste con la de los otros.

«Cuando todo lo demás desaparece, la cocina constituye la última huella de fidelidad a las raíces», afirma el francés David Le Breton en su obra El sabor del mundo.

Toda cocina tiene una gramática compuesta de reglas sobre la manera de preparar los alimentos y la forma de combinarlos. Ello incluye aromas, horarios, técnicas y maneras de servir y comer.

Este festival  se ha caracterizado por ser la ventana al mundo de las costumbres y tradiciones wayuu, pero también de la cosmogonía de la tierra en donde se celebra y en donde igualmente convergen de manera pacífica diferentes culturas Arijunas , algo propio de su posición geográfica ,  tiene como fin, que las manifestaciones artísticas y culturales de la gran nación wayuu sean mayormente apreciadas por propios y visitantes.


Documental Wayuu “Akumaja” nominado a premios India Catalina

La serie étnica ‘Akumaja, un encuentro wayuú’’, ganadora de la convocatoria pública realizada por Señal Colombia en el 2010, se encuentra nominada a mejor documental para televisión en los Premios India Catalina 2012. El responsable de este trabajo audiovisual es un guajiro de la etnia wayuú, Domenico Restrepo, quien, con la participación de  una serie de destacados realizadores de Barranquilla y la Región Caribe, ha logrado que este sea  el único documental costeño nominado en los India Catalina.
‘Akumaja’ es una serie documental  étnica donde miembros de la cultura wayuú hicieron el más grande diálogo de saberes con otras culturas por todo el  país. El vídeo, que consta de 13 capítulos de media hora de duración, presenta situaciones como la de un exponente de la música vallenata invidente que se encontró con un compositor wayuú, también con la misma discapacidad, para intercambiar sus expresiones; una tejedora wayuú que logró viajar a tierra de los arhuacos para intercambiar conceptos sobre tejido de mochilas, colores y usos de su arte; una cantante de Jayeechi que visitó  Cartagena para intercambiar saberes sobre el canto y la poesía de acuerdo a sus contextos y festividades; y una outsu wayuú que viajó a Palenque para conocer sobre el lumbalú, rito funerario de la comunidad afrodescendiente.
‘Akumaja’ se desarrolló en 9 meses y contó con la participación de 13 miembros de la cultura wayuú que viajaron a ciudades como Cartagena, Cali, Buenaventura, Barranquilla y Valledupar.

Mito sobre el tejido Wayúu


Cuenta la tradición Wayuu, que en un sitio no identificado de la península, un joven cazador se encontró con una niña huérfana, abandonada a su suerte. El cazador condolido se la llevo a su casa entregándola a sus hermanas, con el fin de atenderla Y enseñarle los oficios femeninos.

Las tres hermanas del joven desde un primer momento rechazaron a la niña lo cual hizo que el mismo se encargara de sus cuidados y socializaciones.  Cuando Irunuu (así se llamaba el joven) salía, la niña era insultada y tratada despóticamente. En una de las noches de soledad, se transformo en una bella doncella que sacaba de su boca los hilos con los cuales iba a tejer a su protector chinchorros y wayucos.

Las hermanas, al descubrir los tejidos le hicieron saber a su hermano que eran obras de ellas. Sin embargo Irunuu descubrió las cualidades de la niña trasformada en doncella, quien luego castigo a las hermanas convirtiéndolas en murciélagos; Irunuu enamorado de la niña quiso retenerla pero al tratar de abrazarla le que do en sus manos un jirón.

De telaraña, es decir la bella doncella se había convertido en araña y desapareció entre las ramas de un árbol.  Irunuu emocionalmente afectado, al volver a su casa recogió los tejidos y los guardo para que las nuevas generaciones wayuu aprendieran el arte de tejer. De esta manera se empezó a difundirse por toda la península la variada expresión del tejido.

Los Wayuu y el tejido

Las tradiciones y costumbres de la cultura Wayuú han pasado de una generación a otra, prácticas que podemos observar en una variedad de objetos que son tejidos en los que se resaltan diversidades de técnicas, y que mantienen una singular belleza junto formas y colores con lo que trasmiten su manera de pensar, ven ellos la vida y como desearían que fuera. Los Wayuú sienten lo que hacen, lo viven y por eso los resultados son valiosos, porque son el fruto de sus pensamientos.

Con el fin de dar a conocer la elaboración de las diferentes manualidades del tejido Wayuu se estudió el mito que se esconde detrás de esta cultura Guajira. Cabe resaltar que este tipo de manualidad no es solo una artesanía para llevar al mercado, sino que dentro de cada uno de esos artículos existe una historia de la cual pocos saben y son escasos los que se interesan en investigarlos A continuación se detallaran cuáles son las características esenciales del tejido Wayuú y la importancia que desempeña cada artículo elaborado a través de éste.

Para la comunidad indígena Wayuú, que habita en la Península de La Guajira, el tejer es mucho más que una actividad cultural, es la herencia de sus ancestros. Va mas allá de maniobrar con las manos; significa transmitir su inteligencia, sabiduría y todo lo que sienten. El rango de importancia que tiene el tejido dentro de la cultura Wayuú, al momento de plasmar en cada objeto de su uso cotidiano el arte de tejer, hace que esta tradición mantenga su continuidad en los jóvenes y las nuevas generaciones dentro de la cultura. Esto contribuye a la preservación de los valores culturales en la medida en queplasma la transmisión de conocimientos de padres a hijos, acerca de la tecnología del tejido.

 

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